viernes, agosto 21, 2015

El Mundo es un Pañolin por Harold Mayne-Nicholls



El mundo es un pañolín
Hace unas semanas, jóvenes de 152 países se reunieron en Kirarahama, Japón, para celebrar el 123 Jamboree mundial. una muestra de la vigencia del movimiento iniciado hace más de un siglo.
*Mayne- Nicholls, jefe de Campo del Noveno Jamboree Nacional.











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El primero, a comienzos de agosto 1907, fue modesto: 20 jóvenes acamparon por siete días en la isla Brownsea, en Inglaterra. Llegaron atraídos por el libro de Baden-Powell Scouting for Boys, e iniciaron el movimiento Scout. Hoy se asombrarían al saber que en sus 108 años de historia ha habido más de 500 millones de scouts, los cuales hoy suman más de 40 millones.
Del 28 de julio al 8 de agosto, atraídos por la emoción de descubrir nuevas culturas; de construir amistades de por vida; de alimentar sueños y de descubrir que la esperanza es eterna, 33.832 scouts de 152 países se reunieron en Kirarahama, Japón, a celebrar el 23 Jamboree Mundial.
Entre ellos, 178 guías y scouts de Chile. “Se creyó que, por la distancia, no tendríamos un gran contingente, pero no fue así. Fue una gran experiencia para todos”, dijo Alejandra Muñoz Cuello, a cargo de la delegación.
Baden-Powell aplicó para las masivas reuniones scouts la palabra zulú jamboree, que significa “unión de todas las tribus”.
Y desde el primero a nivel mundial (en Inglaterra, en 1920) ha sido común ver en cada Jamboree un impresionante despliegue de colores; mosaico de culturas ; diferencias de tonos de piel y múltiples idiomas y dialectos, todos unidos por el símbolo del pañolín que identifica a los scouts.
También es común que las banderas nacionales flameen, dando a conocer que esta fiesta es un lugar de encuentro del mundo. “Al llegar vimos que los suizos habían levantado un mástil muy alto y que su bandera se veía de todas partes”, cuenta Francisco Espinoza, del grupo Heinrich.“Nos juntamos con los scouts del Verbo Divino —en Japón se unieron en la tropa Torres del Paine— y decidimos que la nuestra flamearía más alto. Al tercer intento lo logramos”. 
Los jóvenes tenían actividades múltiples. Visitar Hiroshima; practicar kayak; conocer tradiciones de otros; trabajo en artesanía; cocina típica y un largo etcétera, todo enmarcado en “vivir el espíritu del Jamboree” muchas veces expresado al entonar canciones del mundo scout. “Aquel que canta, siempre ve el futuro con alegría”, me dijo un asistente de Estados Unidos.
La responsable de módulo de Cultura de Chile en el Jamboree, Eleonor Gutiérrez, invitó a pintar un mapa de Chile de 14 metros de largo en una arpillera: “Un scout de Haití vino varias veces. Junto a él había guías y scouts de varios países”, cuenta.
Los dos extremos de Chile estuvieron presentes no sólo en el mapa. Desde el grupo scout San José de Punta Arenas, Cristóbal Téllez relata: “Estaba trabajando en Australia y decidí venir. Estuve en el Jamboree Mundial de 1999 en Picarquín, Chile, y puedo decir que el nuestro fue muy bueno”. Mientras, Roberto Parra llegó desde Arica: “Este es mi quinto Jamboree. Aquí estuve de servicio muchas veces controlando el ingreso al comedor”.
A este recinto asistían los miles de adultos que venían de voluntarios. Uno de ellos, el norteamericano  Kelly Williams, de 59 años. Su labor: limpiar mesas. “Vine al Jamboree a los pies del monte Fuji en 1971.  Esa vez llovió dos días seguidos y nos tuvieron que evacuar.  Fue por culpa del tifón Olivia. Recuerdo que esa vez nos visitó el astronauta Neil Armstrong, quizás el scout más conocido en la historia”.
En Japón, el invitado siempre presente fue el  intenso calor (varios días sobre 35 grados) junto a una sofocante humedad (siempre sobre 75%). A ello se le sumaron los miles de intercambios que se realizaban en cada rincón: pañolines, camisas, insignias, gorros, mochilas, etc., cambiaban de mano. Todos objetos del mundo scout.
Los chilenos, a lo anterior, sumaron la oportunidad de recibir la visita del presidente mundial de la organización, el portugués Joao Gonçalvez: “Lo único que pido es que lo aprendido aquí, lo puedan transmitir a las guías y scouts de Chile que no pudieron asistir. Esa es su nueva responsabilidad”. 
Descripción: http://static.quepasa.cl/20150820/2169198.jpgY en la clausura, el secretario general de los scouts, el norteamericano Scott Teare, fue claro: “Le han demostrado al mundo que la paz es posible.  Aquí palpé unidad, armonía, amistad y  mucha paz. Usen esta experiencia en sus comunidades. Compartan para seguir creciendo. Juntos los scouts pueden crear un mundo mejor”.
Preparando la cena final del campamento Alejandra Valdés, del grupo Southern Cross, lo tenía claro: “Hemos aprendido que debemos ser capaces de convivir con las diferencias de los otros”.
Sin duda, uno de los grandes mensajes que deja Japón. Palabras muy similares a las que Baden-Powell legó a los jóvenes en Brownsea en 1907: “Traten de dejar el mundo un poco mejor que como lo encontraron”.
“Once scout...” dice el locutor y al unísono, en varias lenguas, miles responden “siempre scout”. Es lema universal, pues es imposible dejar de vivir los valores y principios que transmite el movimiento. Aunque uno no esté activo, siempre puede aportar.
Es mi caso. Fui scout desde 1971 hasta 1984. Participé en los primeros dos Jamborees Nacionales (1976, en Quebrada de Macul como guía de Patrulla, y en 1983, en Peñuelas, como fotógrafo y subjefe de tropa). Además, fui el único chileno en el Jamboree Mundial celebrado en Calgary, Canadá, en 1983. Y tres de mis hijos son scouts activos y los otros dos en algún momento lo fueron.
Por ello, cuando hace meses Alejandra Palacios, presidenta de la Asociación de Guías y Scouts de Chile (ASGCh) y Gerardo González, director ejecutivo, me ofrecieron ser jefe de Campo del 9º Jamboree Nacional (Hacienda Picarquín del 23 al 30 de enero 2016; esperamos 6.000 guías y scouts y 2.000 pioneros y caminantes), no lo dudé.
Era una forma de cerrar un círculo, entregando a otros lo que a mí tantos me dieron. 
Y lo hago tratando de aportar con una frase de Baden-Powell que me ha acompañado toda la vida: “Nada, sino lo mejor”.

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